Ojalá todos pudiéramos tener cerca a un Ebed-melec cuando enfrentamos dificultades. Jeremías fue afortunado de que, en un momento crítico en que peligraba su vida, un tal Ebed-melec intercediera a su favor ante el rey y le salvara la vida (Jeremías 38). Jeremías fue acusado de traición nacional, de ser antipatriota, de deshonrar a aquellos que prestan servicio militar, de perturbar la paz y de ser una amenaza para la población. Por esa razón, los militares lo apresaron y lo arrojaron en una cisterna, condenándolo al abandono y a la muerte. Esto fue claramente una expresión de abuso de poder y uso de violencia contra uno de los suyos.
El nombre Ebed-melec significa ‘siervo del rey’. No está claro si Ebed-melec era su nombre real o su título. Lo que sí es evidente, según el texto, es que era un hombre etíope, extranjero y además eunuco, que trabajaba como funcionario en la corte del rey de Judá. Además, fue capaz de oponerse a la violenta acción militar que buscaba silenciar a Jeremías y acabar con su vida mediante el abandono y la falta de comida.
Es curioso que un extranjero en la corte del rey fuera el único capaz de dignificar y proteger la vida del profeta. También es interesante cómo Ebed-melec logró persuadir al rey Sedequías y convencerlo de que la acción que él mismo había permitido a los militares era una maldad. Más que un siervo del rey de Judá, Ebed-melec actuó como un siervo del verdadero rey: YHWH (Jeremías 39:18). A pesar de que, en cierto sentido, Jeremías se había convertido en un enemigo político para el rey y sus militares, Ebed-melec consiguió garantizar la protección del profeta, quien anunciaba el fin del gobierno de turno, del cual el etíope era beneficiario.
En vez de defender las estructuras de gobierno que le garantizaban seguridad personal, Ebed-melec, el extranjero, defiende la vida de Jeremías, considerado como la voz de la oposición. ¿Por qué se arriesgó Ebed-melec? Su puesto y seguridad estaban garantizados siempre y cuando el rey y sus gobernantes mantuvieran el poder. Ser eunuco significaba que no tenía heredad, es decir, no tenía beneficios más allá de aquellos que se le ofrecían en el presente. Sin embargo, Ebed-melec no permite que se deshumanice al profeta, aun cuando su mensaje iba en contra de toda la estructura que a él mismo lo protegía.
En Jeremías 39 vemos el desenlace. Después de que Nabucodonosor sitió Jerusalén y tomó la ciudad, los militares y gobernadores fueron degollados, y el rey vio cómo asesinaban a sus hijos; luego le sacaron los ojos y lo llevaron al exilio. Pero en medio de todo, YHWH protegió no solo a Jeremías, sino también a Ebed-melec. El sistema que inicialmente proporcionaba seguridad, protección y sustento al extranjero quedó completamente destruido. Sin embargo, el acto de proteger la vida de Jeremías fue visto por YHWH como un acto de confianza y justicia. Por lo tanto, la palabra de YHWH fue dada al etíope, asegurándole que Dios mismo velaría por su vida.
Reflexión
Pienso en los extranjeros que buscan “una mejor vida” sujetándose a sistemas de gobierno que, al final, los desheredan (¿los castran?), los hacen esclavos a cambio de protección. ¿Cuántos se convierten en un Ebed-melec, sirvientes de los sistemas de opresión? Es mejor ser siervo del Rey del universo que del sistema de turno. Los reinos caerán, su poder quedará en ruinas, pero aquellos que salvan y dignifican las vidas, Dios mismo los salvará.