Mi hija está aprendiendo a tocar la guitarra. No sólo esta adquiriendo información acerca del instrumento o dándole sentido a la teoría musical, sino que además está desarrollando la capacidad motora para ejecutar la acción que llamamos “tocar la guitarra.”
Parte del aprendizaje tiene que ver con posiciones y posturas. El cuerpo en sí está inscribiendo la información, es decir, este conocimiento está siendo incorporado. De esta forma, la práctica conlleva a automatismos del cuerpo. El cerebro codifica y decodifica la información a través del cuerpo.
Podemos afirmar, entonces, que el cuerpo es mediador en los procesos de memoria y aprendizaje. Está directamente involucrado en toda actividad de asimilación, consciente o inconscientemente. No sólo usamos el cuerpo para percibir estímulos, o para procesar y almacenar información, sino que es el medio por el cual interactuamos con la realidad externa. Nuestro cuerpo delimita —cual frontera— la relación entre interioridad y exterioridad. El cuerpo es el actor en el drama de la historia, el punto de contacto entre ser y mundo. Aun nuestras emociones tiene una forma de expresarse en el cuerpo, de ahí emerge el concepto de lenguaje corporal.
Creo que hay que prestarle más atención al cuerpo en los procesos de aprendizaje. En los espacios académicos tenemos la tendencia a que los estudiantes permanezcan sentados uniformemente y escuchen a un profesor o profesora que los debe encarar. Pensamos que el aprendizaje es un proceso interno, mental, y muchas veces desconectado de la postura. Nos enfocamos más en lo psíquico que en lo somático. Me parece sin embargo, que el lenguaje del cuerpo no es sólo para expresar mensajes, sino que también existe para codificar información. Habrá que pensar más a fondo el papel epistemológico que juega la postura corporal en el aprendizaje.