Hace unos años, una de mis hijas tuvo un terrible accidente montando bicicleta. Estábamos acampando en una montaña ubicada en un lugar remoto, y mi hija fue a dar una vuelta en una bicicleta que no era de ella. Parece que tomó una ruta desconocida, y en una bajada perdió el control. Nadie la vio, pero alguien escucho un ruido, que describió como la caída de un árbol. Mi hija se había salido por un terreno escarpado y cayó por un barranco. La persona que escuchó el ruido y creyó que un árbol se había caído, encontró a mi hija inconsciente.
No voy a contar ahora los detalles de lo que pasó; quizás lo exprese en otro momento. Sólo debo decir que cuando llegué a donde ella estaba, al verla ya consciente pero lastimada y desorientada, entré en un estado de shock. Miles de pensamientos corrían por mi mente, pero algo particular sucedió. En ese momento no podía hablar, especialmente en inglés. Era un bloqueo mental. Fue como si perdiera la facultad de comunicarme en un idioma que conozco con fluidez, aunque no es mi primer idioma.
Quiero resaltar con esta historia, un proceso que ejecuta el cerebro. Cuando percibimos una amenaza, el cerebro le da prioridad a ciertas funciones y suprime otras como mecanismo de defensa y supervivencia. En mi caso, las emociones de ese momento y la ansiedad de esa experiencia hicieron que mi respuesta cognitiva, en cuanto a hablar un segundo idioma, fuera suprimida o suspendida para procesar las emociones. Eso no quiere decir que así suceda siempre con todo el mundo, pero es un ejemplo de la manera cómo el cerebro responde instintivamente para procesar emociones.
Como educador, esto es importante ya que muchas veces queremos que los estudiantes aborden procesos cognitivos y racionales, sin tener en cuenta otras realidades emocionales que pueden estar presentes. Las sensaciones de inseguridad y de estrés pueden suprimir capacidades de atención y aprendizaje. Hoy en día no podemos asumir que un aula de clase es un lugar seguro. Hay momentos en que las personas luchan con el aprendizaje, no debido a falta de capacidad, sino debido a falta de seguridad emocional. Igual sucede en los trabajos y en las organizaciones. ¿Será posible que aspectos del aprendizaje son comprometidos por nuestra falta de atención a procesos emocionales? ¿Será que hay espacios en los que queremos fomentar aprendizaje sin antes procurar la seguridad y el procesamiento emocional?
Hoy en día, mi hija se encuentra bien. Hay algunos detalles del incidente que no recuerda; su cerebro los omitió de su memoria a largo plazo. En mi caso, la experiencia ha quedado marcada en mi memoria, pero hoy agradezco la manera como nuestros cerebros nos ayudan a procesar emociones y trauma.