Sufrimiento

“Quien sufre trata de comunicar su sufrimiento —ya sea zahiriendo a otro, ya sea provocando su piedad— con el fin de disminuirlo, y a fe que lo consigue” (Weil, 1997).

Cuando sufro por causa de otra persona, pierdo de vista que aquella otra persona también sufre. Eso no justifica su acto ni la absuelve de responsabilidad. Pero me ayuda a humanizar la situación y me recuerda que yo también, al sufrir, puedo comunicar mi sufrimiento de forma tal que haga que otros sufran o se tengan que atener a las consecuencias de mi sufrimiento. Todos sufrimos. Nadie está exento. Todos buscamos mitigar el sufrimiento, pero la “mecánica humana” genera la “tendencia a extender el dolor más allá de uno mismo” (Weil 1997).

Aprender a sufrir sin hacer sufrir a otros es un don. Aprender a sufrir para dignificar a otro en vez de rebajarlo, es gracia.

“A ustedes se les ha dado la gracia (charizomai), a favor del ungido-rey, no sólo para que crean en él, sino también para que sufran a favor de él” (Filipenses 1:29). Esta es una manera de expresar el sufrimiento con gracia: sufrir sin causar sufrimiento a otros. Sufrir para evitarle sufrimiento a otros.

Referencias
Weil, S. (1997). Gravity and grace (E. Craufurd, Trans.). Routledge.