Encadenado & Libre

En Efesios 6:19-20, Pablo pide oración.

Y [oren] por mí, para que se me de palabra, al abrir mi boca, que dé a conocer los misterios del evangelio.

Por causa del cual soy representante [embajador] en cadenas, para que en él [en el evangelio] hable con libertad de expresión, tal como me es necesario hablar.

Me parece importante resaltar el contraste irónico entre las cadenas del apóstol y su compromiso a la “libertad” de expresión. El verbo que Pablo usa para referirse a la “libre expresión” es παρρησιάζομαι, de la palabra parrhesia (παρρησία), la cual está compuesta por πᾶν (pān), que significa todo o totalidad, y ῥῆσις (rhēsis) que significa discurso, enunciación, o expresión. En la civilización griega, parrhesia tenía que ver con franqueza, decir la verdad, arriesgarse o ponerse en peligro por decir lo que los poderosos no quieren oír, hacer una crítica a discursos dominantes que velan la verdad, y un privilegio político que sólo ciudadanos (por ejemplo, los Atenienses) podían ejercer en la asamblea (ekklesia) (Cavin et al., 2024).

Esta palabra —libertad o franqueza de expresión— fue evolucionando con el pasar del tiempo, pero desde sus orígenes, iba de la mano de la idea de democracia (el gobierno de la población o del pueblo).

Pablo es un prisionero. Está encadenado porque su mensaje es subversivo; una amenaza al gobierno de turno. Pero a pesar de que su libertad ha sido coartada, Pablo pide que su proclamación del evangelio, el anuncio de los misterios del gobierno de Dios, sea con denuedo. Pablo no procura articular la palabra con excelencia retórica, sino que ofrece un mensaje que, franca y peligrosamente, critica los discursos dominantes, incluso aquellos que lo tienen encadenado. Pablo sabe que el evangelio es peligroso. Proclamar el gobierno de Dios, es rehusar lealtad a cualquier otro gobierno de turno. La violencia que procura encadenar a ciertas personas, es en muchos casos, el intento por querer callar las voces de disidencia.

Pablo es un representante reprimido por la coacción política. Su súplica, sin embargo, es que la censura, la intimidación, las cadenas, no lo amordacen, sino que mas bien, le permitan ejercer la libertad de expresar la verdad, como derecho y obligación del reino de Dios. Quizás estas palabras hacen eco a una idea que fue sentada temprano en la carta: Dios ha creado una nueva humanidad, no de extranjeros ni de advenedizos, sino de con-ciudadanos, miembros de la casa de Dios. (Ver Efesios 2).

Pablo no se autodenomina prisionero de Roma, o encadenado político. Pablo se ve a sí mismo, como prisionero de Jesús, el mesías, por causa de los gentiles (Efesios 3). Su proclamación es un misterio. Las fronteras del gobierno de Jesús están abiertas para los gentiles, mientras que el gobierno pagano excluye y divide a los pueblos dominados. Pablo ha perdido su libertad política, pero el gobierno de Jesús le garantiza libertad para expresar la verdad que critica arriesgadamente la soberanía de cualquier otro poder.

Los opresores criminalizan y encadenan. Los ciudadanos del reino no luchan contra carne y sangre, pero sí ruegan por denuedo y libertad de expresión, la cual está garantizada por el derecho de ciudadanía del gobierno mesiánico de Jesús.


Referencias

Cavin, I. J., Raditio, K. H., Santosa, W., & Kristiyanto, N. (2024). Parrhesia: The development of the meaning and its influence on the christian evangelization. Faith in Action: Theology for a changing world.